jueves, 21 de septiembre de 2017

Poemas de Hernán Schillagi en antología de ciencia ficción



"Los fuegos de Orc", antología de poesía y ciencia ficción, con selección y prólogo de Marcelo Díaz y Patricio Foglia; tomó dos poemas del libro "Ciencia ficción" de Hernán Schillagi. La antología, además, presenta autores como Alfredo Veiravé, Javier Adúriz, Paula Jiménez España, Carlos Battilana, Irene Gruss, entre otros. Edición digital por Malón Malón, en 2015, y en papel por Mágicas Naranjas, en 2016.


***


la última espera







a veces cuando preguntaba

sobre esos puntos de luz

que aparecen sin orden con la noche y los grillos

a veces cuando mi voz temblaba oscura

bajo el cielo de noviembre

mi padre a veces sabía contarme

que los astros eran unas naves lejanas

que atravesaban los canales de la galaxia

para decirnos sin más que la espera tenía un fin

que no éramos los únicos luego del estallido primero

ese que nadie se atrevió a escuchar

miles de naves espaciales aproximándose

con esa lentitud que tiene el viento

para darle forma a las rocas



pero a veces cuando las preguntas

comenzaban a caer de mi boca de niño

como esas estrellas que portan un fugaz deseo

mi padre elegía cerrarse en el silencio

hasta hacerlo crecer entre las nubes

entonces el planeta suma de océanos y de tierra

se perdía para siempre en el barro de su soledad

*

el espacio exterior



buscamos sin suerte la cruz del sur en el verano
de un patio de provincia aparecen así las palabras
«meridiano» «coordenadas» «círculo polar» «astrolabio»
en fin navegantes telúricos de los doce tomos de la enciclopedia salvat 
que le hablan a la noche como a esas latas de conserva perforadas
con un hilo anudado en el fondo para que del otro extremo
alguien reciba los temblores de nuestra desorientación
los errores sin límites que traspasan la resistencia de la atmósfera
y llegan hasta el vacío más lejano y secreto

mientras sobre la parrilla dos pedazos de carne
lanzan señales de humo hacia el firmamento
y esperan la dentellada certera que los haga desaparecer
de la apacible faz de la tierra


de "Ciencia ficción" (Libros de Piedra Infinita, 2014), seleccionados para "Losfuegos de Orc".



jueves, 9 de julio de 2015

Mirar más allá, comentario de Horacio Castillo




por Horacio Castillo (h)*


Hernán, quería escribirte unas líneas sobre tu libro Ciencia ficción porque me pareció buenísimo. Lo había intuido al leer, no me acuerdo donde, un poema tuyo de este libro, el poema La ultima espera. Poema genial, extraordinario. Ahí me dije este poema es muuuuy bueno, el poeta es muuuuy bueno, por propiedad transitiva el libro tiene que estar bueno. Por eso lo esperaba tanto.

La idea de trabajar la ciencia ficción en poesía, ya en sí misma, es una idea genial, y un desafío sobre cómo tomar esa materia y hacerla poética. Es que la ciencia ficción es creación, es imaginación, es mirar poéticamente más allá. Hay una película, Contacto, basada en la novela del mismo nombre de Carl Sagan, donde en una escena, la protagonista (Jodie Foster) viaja por agujeros negros, y ella, que había sido elegida para viajar porque era científica, al ver todo ese mundo nuevo y maravilloso dice: se equivocaron, se equivocaron, deberían haber enviado un poeta.

Vos sabés que me pasó lo siguiente, en general leo y releo y los poemas me parecían muy buenos, pero al terminar de leerlos, me quedaba insatisfecho y no me daba cuenta por qué. Después entendí que lo que me entorpecía disfrutar plenamente la lectura, era que yo estaba siempre a la expectativa de encontrar en cada poema a qué libro o película de ciencia ficción te referías, más allá de las notas que pusiste al final del libro. Había quedado como capturado por ese enigma. ¡Y era un error! Me había pasado eso con el hermosísimo libro de Claudia Masin, La vista.

Después, cuando releí tu libro sólo pensando en cada poema como unidad, sin preocuparme a qué hacía referencia, los redescubrí de otra manera, todavía más gratificante. Ahí sí, estaba leyendo poesía y no haciéndome el detective, entonces los poemas se me abrieron todavía más, despejado ya de la intención de encontrar esa referencia, que era como querer encontrar el sentido por fuera del poema. Y brillaron más, como “un faro subacuático en medio de la noche”.

Entonces ya no importa la historia o sí, pero ya son materia poética en sí misma, bellos versos que valen por sí mismos, poesía al fin.

Te menciono estos poemas que son los que más me gustaron, pero al final puse casi todos, jaja: Cuando llama la puerta,  Conquista del secreto, Los canales de marte, Luces extrañas, Escrito en el agua, El vigilante, Tras el diluvio, Viaje en el cometa, El espacio exterior, Piedra en el estanque, Hombre invisible sobre el puente, Bandera en tierra, Fuera de la caverna, La huella de la mariposa,  La travesía

Versos geniales que me encantaron y coronan poemas buenísimos:

“Comenzarán a salir las palabras
como los golpes de un corazón
que se quedó latiendo en otro mundo”

“vendrás sin vacilar a decirme somos del planeta
tierra  y creemos estar desde siempre
solos en el universo”

“entonces la velocidad se lleva los recuerdos
y son migas de pan que arrojo a los pájaros del pasado
que amenazan con su vuelo de luto”

“que he terminado con la distancia más dolorosa el tiempo”

“Y el reflejo de dos soles comenzaría a jugar en tus cabellos
como dos niños desnudos en el agua”

“Como si las palabras fueran la última luz
de una estrella que se apagó hace tiempo”

"seré el calor inaprensible que queda de una leyenda
una que decía “hemos llegado solos al final del invierno
y cuando la nieve se retire nada habrá para mostrarle
a la inesperada luz del sol”..."

“el vapor de los recuerdos
 te saldrá por la boca como un fantasma”

Sólo seleccioné algunos versos, muchos otros quedaron marcados en el libro.

Gallito ciego merecería otra carta, pero puedo decirte que me gustó muchísimo también y espero con ansias Lengua padre.

Quizás sea poco lo que te digo, pero verdaderamente disfruté mucho tu libro.

Quisiera poder resumir en pocas palabras algo sobre tu poesía pero no soy muy dado a los grandes análisis poéticos. No me salen palabras grandilocuentes. En cambio me quedé pensando en la ciencia ficción y en la paradoja de que nos propone, de alguna manera, viajes en el tiempo y en el espacio, viajes a través de los recuerdos y el olvido, viajes entre la vida y la muerte, pero donde quiera que nos lleve la ciencia ficción (y la poesía agrego ahora), en realidad son los hombres los que llevan a todas partes sus dudas, sus dramas, sus límites, su palabra, aunque viaje millones de años luz.

¡Un abrazo grande, mi querido amigo!


*Horacio Castillo (h)
, e-mail del 21 de junio de 2015.

jueves, 22 de enero de 2015

Un paisaje nuevo para la poesía argentina





por Leandro Calle*


Todavía lo recuerdo. El poeta se levantó de su asiento y bajó la rampa hacia el escenario en donde tenía que leer. Fue en ese momento en el que trastabilló y el cúmulo de libros que llevaba en sus manos cayó por el piso. Él bajaba y yo creo que subía por esa rampa. Había unos cuantos minutos de descanso antes de que comenzara la nueva ronda de lecturas. Fue ahí donde Hernán Schillagi, me entregó un primer ejemplar de Ciencia ficción (Libros de Piedra Infinita, 2014). Le ayudé a levantar algunos libros y papeles, él bajó y yo subí por esa rampa-escalera. Me crucé con otro poeta amigo que me dijo, apenas vio el libro de Hernán en mis manos: «es el mejor libro de Hernán». Fue como si me dijeran un secreto. Y lo primero que uno hace con un secreto es contarlo, así que eso intentaré hacer aquí.

Llegado a mi casa recuerdo haber leído de un tirón varios libros que me había traído de Mendoza. Pero mi cabeza estaba embotada, cansada y leí con esa lectura veloz e irresponsable que a veces nos sucede. Entre esas lecturas estuvo Ciencia ficción. Al cabo de dos días, retomé, como jugando, el libro entre mis manos y descubrí que no había retenido absolutamente nada. Es más, me di cuenta de que había hecho una lectura en «piloto automático», una lectura mala. Así que me senté y lo leí con la convicción de que había allí un secreto a ser revelado. Leer es escuchar, así que me dispuse a escuchar y leí. ¿Cómo pude haber transitado estos paisajes del alma humana sin haberme dado cuenta? Porque es otro paisaje el que nos propone el poeta. Schillagi, es un paisaje completamente nuevo o al menos originalísimo en la poesía argentina. Tomar prestado al género de la ciencia ficción sus paisajes y sus palabras y hablar de lo que hablamos siempre los poetas.

El libro de Hernán es como un planeta nuevo por explorar. Nuevísimo. No encuentro analogías o referentes cercanos, entonces el libro (que hace rato me ha declarado la guerra) me anuncia que acabo de perder todas las batallas. Que no me gaste, que es inútil, que este es un nuevo planeta y que no busque más medidas para medir. Que me deje llevar. Que acepte el viaje. No hay medidas. Que navegue. Pero todavía no me rindo y le contesto con su mismo lenguaje: «sin embargo el peligro hace de la casa una nave / que vuela hermética por el espacio de mis recuerdos». Finalmente me doy un poco por vencido y acepto el viaje. Me llama la atención una palabra, la palabra «electricidad».

Los poemas de Ciencia ficción, tienen una electricidad de otro mundo, una electricidad sutil y potente al mismo tiempo. En el poema los canales de marte, Schillagi cierra diciendo: «…y de tu boca por si no lo sabías / comenzarán a salir palabras / como los golpes de un corazón / que se quedó latiendo en otro mundo». Se trata entonces de escuchar a ese corazón y ese corazón late en otros paisajes, paisajes fantásticos, novedosos, paisajes con máquinas, electricidad, civilizaciones y planetas. El latido es modificado por esta atmósfera distinta y entonces el sonido y la musicalidad del poema son distintos. El proceso que hace el poeta es exactamente al revés: para entender el hoy hay que servirse del futuro. No hay ayer en estos poemas o al menos el ayer está tamizado y escamoteado en el futuro. Es preciso avanzar al futuro para entender el presente: «estar despiertos quizá sea la mejor de las resistencias / luego de que las máquinas tomaron posesión / de la arena de tus recuerdos y el tiempo quedó suspendido / en un mundo que no te pertenece y no hay fruta / que calme la sed como tampoco un pájaro / que le regale sus colores al viento de la tarde…».

El poema al que pertenecen estos versos se llama fuera de la caverna y nos remite evidentemente a la alegoría del filósofo griego. Pero estamos afuera de la caverna en serio. Al menos yo me siento un astronauta solitario en la noche espacial. Solo frente al libro del poeta Hernán Schillagi que ha logrado decir con maestría un lenguaje nuevo para mí, una manera original de hacer hablar a la poesía. De todos los libros de poemas que he leído este año, siento que Ciencia ficción, es el único libro que me ha dejado perplejo. El único libro que verdaderamente me ha conmovido. Su belleza me ha encandilado y no puedo decir nada, porque nada hay que decir. Porque no se puede decir nada en la noche espacial de la belleza. Porque sigue siendo un libro que es necesario volver a leer y a explorar. O mejor, es necesario seguir escuchando sus latidos, esos que vienen de otro mundo a decirnos lo de siempre pero con una música distinta. La belleza es así, uno se asoma y: «has asomado tu curiosidad a la cerradura equivocada / pero tus ojos que esperaban una historia / de pesadillas y espejos negros comienzan a brillar / como si lo visto viniera del mejor de los futuros / y poco a poco y simultáneamente y atravesándose / las imágenes golpean tu retina tu rutina / y forman una aleación con el miedo / entonces la puerta es una nueva frontera / la línea de sal que cauteriza los prejuicios…».

La belleza como principio de lo terrible al decir de Rilke. Vuelvo a la imagen mencionada más arriba. El poeta trastabilla, y da por tierra con todos sus libros. Eso me sucedió cuando leí Ciencia ficción: se cayeron todos los libros posibles y quedé a la intemperie espacial aferrado solamente a estos 24 poemas sin saber si era posible regresar de la belleza.


*Reseña publicada en la revista El Desaguadero el 10/11/2014.

Un imaginario en particular, comentario de Claudia Masin





Acabo de hacer la primera lectura de tu libro "Ciencia ficción" (un poco apurada, robada a las horas de trabajo y de trámites navideños varios) y sospecho serán varias. Un hermoso libro. Además, amo los libros "conceptuales" como este, los "libros programáticos" que abrazan un imaginario en particular. No es fácil, sin embargo, lograr que ese universo elegido "hable". Y mucho menos que lo haga con belleza. En fin, termino el mail como lo empecé: Hernán lindo, querido! Qué poetazo sos. Gracias por el libro, siempre da felicidad leer algo bello e inteligente.


Claudia Masin, poeta, autora de "La vista" y "La plenitud", e-mail del 19/12/2014

jueves, 15 de enero de 2015

La especie humana sobre mis dos piernas




la última espera



a veces cuando preguntaba
sobre esos puntos de luz
que aparecen sin orden con la noche y los grillos
a veces cuando mi voz temblaba oscura
bajo el cielo de noviembre
mi padre a veces sabía contarme
que los astros eran unas naves lejanas
que atravesaban los canales de la galaxia
para decirnos sin más que la espera tenía un fin
que no éramos los únicos luego del estallido primero
ese que nadie se atrevió a escuchar
miles de naves espaciales aproximándose
con esa lentitud que tiene el viento
para darle forma a las rocas

pero a veces cuando las preguntas
comenzaban a caer de mi boca de niño
como esas estrellas que portan un fugaz deseo
mi padre elegía cerrarse en el silencio
hasta hacerlo crecer entre las nubes
entonces el planeta suma de océanos y de tierra
se perdía para siempre en el barro de su soledad


*

conquista del secreto

ahora luego de haber posado
toda la especie humana sobre mis dos piernas
doy el primer paso a la conquista
y comienzo a suprimir con el índice
el nombre originario de las cosas

como en un remoto juego las letras
deben alzar cruces ante mis ojos
y las palabras forman un cementerio del futuro
donde una civilización elegirá resistir
desde el desierto negro de las piedras
desde la lengua rota de las espinas
desde la boca cerrada de las cuevas
resistir toda la invasión
con el último trago de agua en la garganta

porque la conquista solitaria del silencio
sin gritos de sangre ni cuerpos como trofeos
es como capturar un secreto que finalmente
resulta demasiado grande para nuestros oídos

miércoles, 26 de noviembre de 2014

El sueño cristalino de los peces


por María Cristina Alonso*

La Ciencia ficción es un género de la incomodidad y de la incertidumbre. Desde Historia verdadera de Luciano de Samosata hasta Under the dome de Stephen King, las historias que se cobijan bajo este género -y que van mutando a lo largo del tiempo con el derrotero de la experimentación humana- nos hablan más de nuestras incógnitas profundas que de los misterios del universo.
En su libro de poemas Ciencia ficción, el poeta mendocino Hernán Schillagi transita por los tópicos de este género para refundar territorios que la poesía no había recorrido. La poesía, dice Hernán citando a Alejandra Pizarnik, es “el lugar donde todo sucede.”
Y todo sucede en estos poemas de factura exquisita, poemas que nos van proponiendo múltiples lecturas. Aquí están los bradburyanos canales abandonados de Marte, la tierra roja, la voz de los antiguos habitantes del planeta y sus barcas como luciérnagas fugaces. Acaso volvemos, en “luces extrañas”, al imaginario encuentro, en una solitaria carretera,  ya no de seres de mundos distintos sino de dos seres que intentan ciertas comprobaciones: “si has resuelto/ nacer conmigo otra vez”
La poesía es en sí misma un viaje, un aliento que le insufla vida al barro y abre los ojos del monstruo, una nave que nos lleva al  misterio de la creación, un artefacto con escotillas por las que vemos pasar nuestros recuerdos pero también los mundos que aún no hemos soñado.
Poemas que nos traen imágenes de las múltiples regiones de la literatura, como un cohete que deambula por las galaxias de un género hasta no hace mucho poco prestigiado, vamos del monstruo de Mary Shelley , al mano de Oesterheld de cuya “garganta nace un himno de muerte”, las palabras finales de Nemo luchado con su rencor como un monstruo de acero, el contador automático de estrellas que imagina Roberto Arlt en El juguete rabioso, y las calles hechas de niebla de la Londres por la que Stevenson hizo deambular la dualidad de Jekyll.
Como toda buena literatura, los poemas de Hernán nos devuelven más preguntas que respuestas, porque el futuro que construye la ciencia ficción y  que merodea en este libro está lleno de preguntas que viajan “como una roca encendida/ de un extremo a otro de los sueños/ y en esa distracción de la muerte/ podré robarte las preguntas/ que ya me esperan en el futuro” (viaje en el cometa).
En estos poemas hay dioses derrotados y  mundos exteriores  explorados  por “navegantes telúricos de los doce tomos de la enciclopedia salvat”. Lo lejano y lo cotidiano como territorios íntimos enfrentados a lo insondable, señales de humo hacia el firmamento que interrogan.  

Poemas que nos cuentan que estamos solos en el universo, que “somos el sueño cristalino de los peces/ que avanzan dormidos por la noche del mar”.


*Reseña publicada en el blog "La Biblioteca de Cristina" el 14/11/2014

Una intensidad justa



Comentario del poeta salteño Santiago Sylvester sobre "Ciencia ficción":

Muy bueno tu libro "Ciencia ficción", Hernán. Has definido un lenguaje que es a la vez austero y jugoso.

Tus poemas avanzan impertérritos, sin apuro por llegar ni alargados como si no quisieran hacerlo. Y el resultado es de una intensidad justa.

Te felicito sinceramente.

Va un abrazo agradecido.


Santiago Sylvester, e-mail del 20/11/2014

lunes, 27 de octubre de 2014

Poesía de conocimiento: comentario de Rafael Felipe Oteriño


Comparto estas generosas palabras de mi admirado y maestro poeta platense, Rafael Felipe Oteriño, que me envió por e-mail luego de la lectura de dos de mis libros.

Querido Hernán: 

Me demoré en escribirte porque he estado un poco viajero, pero leí tus libros Primera persona y Ciencia ficción con atención y auténtico deleite; me dejo llevar por tu lenguaje abierto, conversado, en el que la vida anida y se recrea en su secreto; es como acompañarte en una exploración que concluye siempre en un descubrimiento: lo que estaba ahí pero no veíamos, lo que no estaba pero necesitábamos; tal es la raíz de tu poetizar; por eso cabe calificarla de poesía de conocimiento, zona en la que podemos hacer pie, albor y espejo en el que nos vemos; te mando abrazo afectuoso y agradecido, 

                                                                                                     Rafael Felipe Oteriño, 27 de octubre de 2014

sábado, 18 de octubre de 2014

La experiencia límite de la palabra



por Cristina Salatino*


Hernán:

Recuerdo vagamente  una discusión teórica sobre la naturaleza de una lírica narrativa o ligada a la ciencia ficción. No sé lo que le dije. Tampoco tuvo o tiene ninguna importancia ante los poemas de hoy. Hoy solo cabe mi completo aplauso ante las razones y el resultado de Ciencia ficción. El lector comprende que esta vez la experiencia límite de la palabra ha sido: todos los cosmos mi cosmos, todos los cosmos los otros, el cosmos-tiempo-espacio todos los hombres que somos, que hemos sido, que seguiremos siendo mientras seamos. ¡Buena, Hernán! ¡Muy buena! Una experiencia de la palabra en máximo grado de tensión física y metafísica (con perdón de los contemporáneos), a fondo. Un gran salto con respecto a los buenos, muy buenos poemas de 'Gallito ciego' (me conmovió mucho 'lengua padre', que es un magnífico poema). En Ciencia ficción se palpa la madurez poética. Y es una fiesta. De las palabras, del ritmo íntimo que obra la arquitectura poética desde cadencias interrumpidas y contractas, relativizando imágenes, distendiendo significantes, metaforizando en instancias de traspolación que recrean atmósferas raras y poco terrestres, aunque muy humanas. Bien, muy bien. Especialmente bello el poema al abuelo, 'viaje en cometa'. Yo lo pondría en una Antología.
*En un e-mail de Cristina Salatino, profesora de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo.

lunes, 6 de octubre de 2014

Entrevista a Hernán Schillagi sobre Ciencia ficción



por Paula Seufferheld*

Hernán Schillagi (San Martín, Mendoza, 1976) es artífice de una obra poética que no deja de sorprendernos desde su primer poemario Mundo ventana (2002) por sus continuos cambios temáticos y estilísticos o como él los llama «golpes de timón». Desde la sencillez de los poemas primeros, influidos por la brevedad y contundencia filosófica de la poesía oriental, pasando por Pájaros de tierra (2007) donde sobrevuela lo cotidiano con un acento nostálgico, íntimo, muchas veces autobiográfico hasta llegar a Primera persona (2008, ganador del Gran Premio Vendimia de Poesía) que marca una etapa de madurez en su escritura. En esta obra plantea un proyecto conceptual donde los poemas son piezas de un rompecabezas donde un yo lírico febril pretende armarlo valiéndose solo de la ayuda de su memoria. Para quienes hemos transitado este caleidoscopio de versos, no nos sorprende la aparición de Ciencia ficción (2014). El género elegido propone tomar conciencia de los límites, pero entendiendo que son solo eso, barreras y como tales pueden ser rotas, traspasadas, vulneradas incluso en sus núcleos más duros. De nuevo el poeta, como en cada uno de sus trabajos, camina por la frontera y nos invita a cruzar con él a un mundo nuevo, igual a sí mismo y distinto de todos.
Todos los libros tienen su tiempo de decantación. Ciencia ficción se gestó entre 2006 y 2010. Como nos dijo su autor, fiel a los tópicos del género que eligió: «no hay máquina del tiempo ni acelerador de partículas que apure el proceso». Así, entre los intersticios en blanco de un tiempo lleno de responsabilidades laborales y familiares, fue dando forma a una obra originalísima en el panorama de la poesía argentina. El plan de escritura no era sencillo: tomar algunos motivos sci fi para luego desandar un camino inverso donde los ambientes de la ciencia ficción funcionaran como disparador y fondo de un microrrelato que abriera una grieta a lo cotidiano y tuviera el ritmo propio de los versos de amplio período. ¿Se cumple este plan en las expectativas del lector? El poeta mendocino Rubén Valle que escribió la contratapa del libro está totalmente seguro cuando afirma sobre el poeta: «alinea versos como si de planetas se tratara y los hace brillar en una noche atemporal».

 -En el texto «Antes de la travesía» que oficia de prólogo de tu poemario, afirmás que la ciencia ficción propone explorar todas las posibilidades del género humano como un sueño con los ojos abiertos. ¿Qué te llevó a recorrer esas posibilidades que parecen tan íntimas e insondables desde el extrañamiento espacio-temporal?, ¿es posible auscultar el corazón de un hombre desde la lejanía de una estrella?

-Creo que lo primero que me llevó a explorar zonas poco transitadas por la poesía fue la necesidad de dar un golpe de timón a lo que venía escribiendo. Es decir, la enorme poesía que se desprende de las obras narrativas de ciencia ficción (ya sean novelas, cuentos o historietas) me hizo pensar que bien podría escribir poemas en verso que tomaran algunos motivos sci fi (los viajes interplanetarios, la vida artificial, el efecto mariposa, por caso), para luego hacer el camino de regreso de este modo: los ambientes de la ciencia ficción como disparador y fondo, la potencia feroz de un microrrelato en el centro, más el ritmo propio de unos versos de amplio período. El resultado, por supuesto, lo deben evaluar los lectores; sin embargo no tardé en comprender que la conciencia de los límites es lo que nos hace avanzar, querer traspasarlos intempestivamente. Así, este género tan lateral en sus comienzos es el que más ha explotado esta pulsión humana. Es por eso que el «auscultamiento» del corazón y sus oscuridades solo es revelador en el justo momento en que decide atravesar una frontera prohibida o imposible.

 -Hay un hilo transparente que une el primer poema «cuando llama la puerta» y el último «la travesía» o quizás sea una sonda que orbita alrededor de los dos para decirle al lector que aunque la curiosidad lo lleve a mirar por una cerradura equivocada vale la pena abrir la puerta –todo el libro supone esa acción-, abrazarse a lo desconocido y dejar que dos corazones comiencen a unirse. ¿Cuánto pesa el tópico amoroso en Ciencia ficción?

-Hay algo que me propuse desde muy joven y fue no escribir nunca poemas de amor, por pudor y piedad con los lectores, o al menos evitar textos que hicieran recordar infectamente a los de Neruda o Benedetti (no es necesario precisar cuáles). Prejuicios que le llaman, es cierto. Sin embargo, uno se define más por lo que esquiva que por lo que elige en poesía. Así y todo, este libro ya me encontró transitando la treintena y, justamente, uno de mis límites era el tópico amoroso. Entonces pensé en las barbaridades –para bien y para mal- que la especie humana ha hecho en nombre del amor y, más modestamente, en cómo nos corre de nuestro eje para dejarnos en la más completa intemperie (La intemperie es uno de los posibles nombres que barajé para este este libro). De un modo enrevesado, pero libre de prevenciones, encaré algunos poemas como los que nombrás desde el amor, como un viaje a lo desconocido, como un miedo a enfrentar.

-Al releer tu obra queda claro que has tratado de no repetirte en tópicos, de experimentar con distintos recursos y voces. Cada poemario goza de total autonomía y puede analizarse como un todo sin reconocer antecedentes, ¿por qué cuando comenzás un libro preferís el riesgo de lo nuevo a la profundización de temas y tonos tan frecuente en otros poetas?

-Sin caer en la petulancia, la idea siempre fue esa, cambiar radicalmente como un Fernando Pessoa que prescinde de los heterónimos y da tercamente el mismo nombre a cada uno de sus libros. Todos los artistas que respeto han dinamitado lo creado cuando ya les resulta cómodo: la variedad barroca que le dicen. Allí los Beatles, Piazzola, Charly García o Gustavo Cerati en la música; como también Oliverio Girondo, Borges (aunque no parezca), alguna etapa de Gelman, Alejandra Pizarnik, Mirta Rosenberg o Jorge Aulicino, en la poesía. Mudar de formas, saltar de género en género, contaminarse de tramas híbridas para luego volver al poema transido por el más lenguaraz de los idiomas. Esto no quita que admire a poetas como Juarroz o Giannuzzi que mantuvieron una línea estética en sus obras y tomaron riesgos desde otro lugar. Es el desafío de mantener una voz, un decir, pero en ámbitos hostiles lo que me hace que avance por caminos diferentes. Eso sí, siempre aprendo de las diferentes experiencias. Sé que no podría haber intentado profundizar en el poema narrativo en este libro, sin antes no haber ensayado en el poema en prosa o en el cuento breve.

-Escribir poesía puede ser  vía para transmitir una idea pero también vehículo para compartir un sentimiento, ¿cómo mantenés  en tu obra el equilibrio entre el tono intelectual y el sentimental?

-La imagen es la siguiente: la del trapecista que avanza sin red por la soga. Sabe que dar un paso atrás es solo para confirmar el avance. Así el equilibrio se mantiene en medio de titubeos y cargas inexactas, sin embargo la meta es clara: no caerse para llegar. Es decir, siempre voy detrás de una idea, ya que no escribo una sola palabra sin antes tenerla medianamente clara. A veces se confirma en la escritura, o se modifica parcialmente porque una metáfora (por decir un recurso) cobró más fuerza que las demás. El azar siempre tiene un lugar en la poesía (un azar muy programado en mi caso). Demás está decir que los sentimientos juegan su papel, aunque es tan denodada la lucha racional con el lenguaje que toda mi atención está puesta en la construcción del poema. Eso sí, la pasión es la misma siempre.

-¿Cuáles son tus prácticas de escritura poética?, ¿han ido mutando con los años desde tu primer poemario?

-Es inevitable el cambio de prácticas, ya que el mundo ha cambiado. Quiero decir que, hace más de 20 años, escribía en cuadernos o papeles sueltos con una lapicera. Con el tiempo, tipeaba los poemas en una Olivetti y corregía in situ. Esa era una manera de fijar en molde la escritura. Después, con los procesadores de texto de las computadoras de escritorio cambió todo y me volví anfibio: redactaba en papel y lo terminaba en el Word. Hasta que un día prendí la 486 y tecleé el primer verso. A partir de ese momento, la escritura a mano se volvió más esporádica o solo para tomar apuntes en libretas furtivas que se me viven extraviando. Al contrario de lo que se piensa entre los poetas, necesito de cierta presión para escribir y también de algo de metodología. Siempre estoy entre los horarios de salida de la escuela de mi hija o apremiado por el trabajo docente y, como no creo en la inspiración, provoco situaciones. Las netbooks han venido a solucionar algunos problemas de logística, ya que no hay que ir al escritorio para escribir; sino que tomando mate en la cocina, o friendo las milanesas, uno puede ir picoteando el teclado. En cuanto a Ciencia ficción tuve que trazar un plan para no ser reiterativo en los motivos del género, como también poder ser justamente «equilibrado» con respecto a las referencias literarias. No quería abrumar al lector. Sabía que no podía ser un libro de muchos poemas y que lo cotidiano de algún modo tenía que estar presente. Tardé cuatro años en escribirlos, de 2006 a 2010 y otros cuatro en corregirlo, ordenar la secuencia de textos, considerar títulos alternativos y notas aclaratorias. No hay máquina del tiempo ni acelerador de partículas que apure el proceso.

-Junto a tu obra poética, muchos hemos tenido el placer de leer tu novela por entregas De los portones al Arco que publicaste en formato digital en tu blog Ciudadeseo entre 2010 y 2013, ¿cómo conviven en vos el poeta y el narrador?,  ¿cada uno tiene su cuarto propio o comparten escritorio y papeles?

-Algo dije en una de las preguntas anteriores: transitar distintos géneros y temáticas no es gratuito para un autor. Cuando regreso al poema, no puedo desprenderme del todo de la ensayística y mucho menos de lo ficcional. Eso sí, al escribir esa novela tenía muy claro que no quería ser poético. Cuánto nos hemos aburrido con algunas novelas líricas, de largas descripciones oníricas y argumentos vagos que se diluyen de un soplido. De los Portones al Arco es una especie de road fiction y la acción me tiraba para delante de una manera casi bestial. Aunque el modo de escritura sí fue el mismo de la poesía (no hay caso, así me formé), ya que no podía dejar de fijarme en la musicalidad de las frases, o la contundencia estética de los remates de cada capítulo. Como también, la corrección obsesiva de cada oración, de cada párrafo.

-Considero que la lectura no solo es lo que ofrece un texto escrito, sino también todo aquello que el sujeto puede «leer» de  otras experiencias culturales como el cine, la música, la plástica, entre otras. ¿Qué lecturas, entendiéndolas en este sentido amplio, han influido en tu obra poética desde sus comienzos?

-La pregunta no por interesante, no deja de ser inabarcable. Ya algo dije de la historieta y la música. Muchos empezamos a leer tiras cómicas y a escuchar rock antes que libros en la infancia. Pero como estamos hablando de este último libro, la lectura de El Eternauta ya te cambia la mirada para siempre y recuerdo, además, las series animadas como Robotech o El Justiciero. También las series y las películas de ciencia ficción fueron fundantes en la primera adolescencia. Principalmente, las distintas secuelas de Viaje a las estrellas, de Gene Roddenberry me acercaron a la cosmovisión inquietante de la ciencia ficción humanística. Al mismo tiempo iba descubriendo las novelas de anticipación de Julio Verne o El mundo perdido, de Arthur Conan Doyle. Después vinieron Bradbury, Stevenson, Mary Shelley, Wells y otros tantos. Aunque lo aclaro en el prólogo, no soy un fanático de la ciencia ficción, sino que me entusiasma mucho más la lírica poderosa que la atraviesa.

-Como editor y periodista cultural tenés permanente contacto con el quehacer poético de distintas regiones del país, ¿qué comparación podés establecer entre estas producciones poéticas y la que se gesta en nuestra provincia?

-Hace unos meses publiqué un ensayo que se llamaba «La isla de la poesía», donde proponía a Mendoza como una zona poética de paso, es decir, donde la poesía se ha destacado de manera intermitente a lo largo de los últimos cien años. Así, esta «ínsula» se ha sumergido o ha emergido en vaivenes tan intensos como desparejos (la generación del ’25, el Nuevo Cancionero Cuyano, la poesía de los ’90). En la actualidad soy muy optimista con la variedad y la cantidad de producción, las distintas movidas de edición autogestiva y también las performances agitadas por los mismos poetas. Además, tengo que decirlo, hay mucha mezquindad, pereza y miopía en la crítica literaria. Nos mandan libros de todo el país para que los reseñemos en El Desaguadero y casi ninguno de la provincia. Todo un síntoma. Pero sé que esto pasa en todos lados. Esta primera quincena del siglo nos encuentra, en cuanto a estilos y calidad, en un lugar interesante y bastante parejo con respecto a otros lugares centrales como Rosario, Córdoba y Buenos Aires. Quiero decirlo con las palabras precisas: no atrasamos tanto como en otras épocas. Ya la mayoría aprendimos que la poesía descriptiva, laudatoria de la tierra y sus frutos, el octosílabo asonante, la anáfora boba en todo el poema, el corte de verso cuando se termina la idea, la ironía per se  o el erotismo a lo Adrian Lyne no van más. Como también es una realidad que mucho de lo que se publica hoy es una fotocopia gastada de una Xerox maltrecha de los ’90: sin musicalidad ni ideas propias. El agujero del mate de la poesía border ya lo inventaron otros. Nos falta muchísimo, también, para que la poesía producida aquí se haga conocer en el resto del país, que haya presencia de mendocinos en todos los festivales y que empecemos a publicar constantemente en editoriales importantes especializadas en el género (como Gog y Magog, Alción, Bajo La Luna, El Mono Armado o Del Dock). Existen casos honrosos, pero no es lo habitual. Así y todo, la isla está tendiendo puentes que pueden permanecer en el tiempo y conectarnos con más intensidad que nunca.

-En el poema «el contador de estrellas» el yo lírico le habla a un personaje que recorre la oscuridad sin esperanza pero de algún modo lo tranquiliza diciéndole que los deseos encienden luces en el abismo. También es el deseo el que pone palabras en el abismo de la página en blanco de un escritor, ¿en qué “proyecto-deseo” estás trabajando ahora?

-El deseo es lo que moviliza absolutamente todo. Por eso no hay deseo verdadero que pueda ser reprimido. Los proyectos, entonces, tarde o temprano se van concretando, como el de salir a defender este libro Ciencia ficción de un modo diferente: performances en cuanto bar o feria me abra las puertas, en lugar de una presentación convencional; cruzándolo también con el cine o la música y con la voz de otros poetas. Al mismo tiempo, estoy terminando de escribir los poemas de un nuevo libro llamado Lengua padre, donde lo cotidiano se hace presente para reflexionar sobre la figura paterna, la herencia de una voz oscura y apenas trascendente. Si la lengua materna es la primera, tal vez la poesía venga a ser la última. En fin, como decía Viel Temperley: «voy hacia lo que menos conocí en mi vida: voy hacia mi cuerpo».



*Entrevista aparecida el 24/09/2014 en la revista El Desaguadero.